¿Muros o puentes?
Descubre la inspiradora historia de dos hermanos que superan sus diferencias y construyen puentes en lugar de muros, y cómo esta lección se aplica a nuestra vida cristiana.
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Había dos hermanos, a los que llamaremos "Juan" y "José", que vivían con sus familias en casas que estaban una frente a la otra. Ellos comenzaron teniendo pequeños problemas y diferencias entre ellos, las cuales con el tiempo dieron lugar a discusiones más graves hasta que en un momento dejaron de hablarse y se evitaban uno al otro.
Para separarse aún más de su hermano, José desvió el curso de un arroyo cercano para que éste pasara entre medio de las dos casas y así no se pudiera cruzar desde un lugar al otro. Juan entonces decidió contratar a un carpintero para que construya una cerca alta en su casa y así no tener que ver la casa de su hermano, que le traía sentimientos de enojo y amargura. Juan mostró al carpintero unos troncos y maderas que tenía separados en una parte del terreno de su casa y le pidió que con esa madera construyera la cerca.
Juan dejó al carpintero solo haciendo su trabajo, pero al volver, en lugar de hallar la cerca que había pedido, se encontró con que el carpintero había hecho un puente hacia la casa del José. Juan enojado se acercó al puente y allí vio a su hermano que venía cruzando desde el otro lado y le dijo: "Juan, hermano, no puedo creer que hayas hecho este puente después de lo mal que te traté. Debo pedirte perdón por todo lo que he hecho". Así, los dos hermanos se abrazaron y dejaron a un lado sus diferencias.
Esta es una historia cuyo autor desconozco, nos sirve para reflexionar sobre nuestra vida y nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo y con otras personas. De aquí podemos extraer algunas lecciones que se corresponden con la conducta que se espera de un cristiano que ama a Dios:
1 - No pagar mal por mal
Por un lado, el cuento refleja una situación que es muy común entre gente que se quiere y tiene una relación, que es comenzar con pequeñas fricciones y diferencias y convertirlas en grandes peleas. El orgullo y soberbia naturales de cada ser humano muchas veces prima en las relaciones humanas y es así que, por no querer ceder un poco de orgullo ante otra persona, los pequeños problemas se convierten en una guerra interminable.
En este versículo de Romanos, el apóstol Pablo nos dice que a nadie deberíamos retribuir algo malo con otra cosa mala. La política de "mal por mal" no es la que Dios quiere que sea aplicada en Su reino. Por el contrario, las Escrituras nos alientan a buscar la paz. No siempre se puede tener paz con todos, porque hay quienes se disponen a actuar en nuestra contra, sin embargo, las Escrituras nos dicen que si depende de nosotros, estemos en paz, nunca deberíamos ser nosotros los causantes de divisiones y peleas.
Lejos de recomendar el pagar mal por mal, las Escrituras nos alientan a vencer con el bien el mal. El tratar bien a un enemigo puede producir "brasas de fuego" en su cabeza, esto es una figura literaria que significa que se produce un fuego que le quema los malos pensamientos y lo ayuda a reflexionar y cambiar. Cuando "José", en el cuento, vio el puente, supuestamente construido por su hermano, la bondad mostrada por el hermano le hizo brotar sus buenos sentimientos y los llevó a la reconciliación.
2 - No dejar que se desarrollen el odio y la amargura
En la historia citada, los hermanos comenzaron con pequeñas diferencias y terminaron gravemente enfrentados. El odio y amargura fueron creciendo entre estos hermanos:
Aquí las Escrituras nos vuelven a alentar a procurar la paz y también añade la santidad, o sea, el andar en rectitud conforme a los mandamientos de Dios. Luego se nos recomienda cuidar de que no llegue a brotar ninguna "raíz de amargura", porque por ella muchos son contaminados. Es común en el ser humano tener momentos de amargura en la vida, pero cuando esa amargura se arraiga en el corazón, debe ser quitada, de lo contrario, va a ir creciendo, va a "brotar" y al final causará estorbo para la persona que tiene esa amargura y también "contaminará" a los que están a su alrededor. Así han comenzado muchos pleitos en el mundo e incluso entre cristianos. Debemos estar atentos a estas cosas.
Nuevamente vemos que si dejamos que el odio se desarrolle en nuestras vidas, lo que generaremos son contiendas, calumnias y cosas malas. Por otro lado, un creyente que opera el amor de Dios en su vida, va a aplacar el odio y tratar de obrar con amor aún ante aquellos que le han hecho mal. Esto no significa que vamos a dejarnos pisotear por otras personas, sino solamente que dejamos de lado nuestro deseo de venganza personal y dejamos que Dios obre Su voluntad en cada persona.
3 - Perdonar y pedir perdón
El cuarto punto importante en la historia es que la reconciliación de ambos hermanos se produjo cuando uno de ellos pensó que su hermano había sido misericordioso con él y eso movió su corazón para ir a pedir perdón por sus agravios. En el cristianismo nosotros tenemos un foco aún mayor para poder desarrollar nuestro amor y perdón y eso es el amor y perdón de Dios en nuestras vidas.
Nosotros amamos (del modo en que Dios quiere que amemos) porque Él nos amó primero, esto quiere decir que a causa del amor que Dios manifiesta hacia nosotros, nosotros somos capaces de amar. Lógicamente, mientras más conozcamos cuánto nos ama Dios, más capacidad tendremos de amar a otros:
Estábamos muertos en delitos y pecados, esto quiere decir que a causa de nuestros pecados estábamos sentenciados a morir para siempre y, legalmente, no podíamos vivir perpetuamente en el reino futuro de Dios. Sin embargo, Dios dio a Jesús en sacrificio y así logró que CON JUSTICIA podamos recibir vida perpetua en la era futura, que podamos ser trasladados al reino de Su amado Hijo.
Ahora somos hijos de Dios, esta realidad es una tan grande que no alcanzamos a percibir lo extraordinario de esta declaración. Ahora somos hijos de Dios y tenemos la promesa de que en el futuro seremos semejantes a Él. Juan nos dice que con esta esperanza nos vamos "purificando". Entonces ¿qué hacer para ser más puro en mi vida? ¡Hay que conocer más sobre la obra de Dios en Cristo y así comprender mejor cuál es nuestra esperanza!
Cuando el foco de nuestra vida está en nosotros mismos, en cuánto hemos sido agraviados por la otra persona, tendemos a buscar una propia justicia que no obra la justicia de Dios (Stg. 1:19-20). Pero cuando nuestra mira está puesta en lo que Dios nos ama y en cuánto nos ha perdonado, nuestra ira es reemplazada por amor y por el deseo de recomponer las cosas y dar la posibilidad de arrepentimiento a la persona que nos agravió.
4 - No acceder a construir muros entre hermanos
Jesús dijo:
Algo importante a comprender en este texto, es lo que NO ESTÁ DICIENDO. A simple vista, parece que Jesús dijera que él no quiere la paz entre las personas, esto no puede ser cierto, porque él mismo dijo, en Juan 14:27: "La paz os dejo, mi paz os doy..." e Isaías 9:6 nos dice que él sería el "Príncipe de paz". Jesús sí quería la paz en el mundo, sin embargo, él no vino la primera vez a establecer Su reinado de paz, sino que vino a poner de manifiesto la voluntad de Dios y al hacerlo, esa verdad causó (y sigue causando) división.
Dios quiere que todos seamos una unidad y estemos en paz, pero muchas personas deciden no estar en paz con los demás a causa de sus creencias, sus deseos personales y su modo de ver el mundo. Es así que en una misma familia de sangre, tenemos a unos que aceptan a las Escrituras como la Palabra revelada por Dios e intentan vivir conforme a éstas, y otros miembros que no creen en Dios y no le respetan y se ponen en oposición al creyente, de este tipo de división hablaba Jesús.
Ahora bien, una cosa es la reacción de incrédulos, egoístas y gente carnal ante la verdad de Dios y otra cosa es que un creyente busque de algún modo generar división entre otros creyentes. Como creyentes cristianos, deberíamos rehusarnos a construir "muros" entre hermanos, deberíamos evitar contribuir a cualquier división.
Lamentablemente la construcción de muros de división parece ser una práctica continua en el cristianismo y esto es evidente al ver los cientos de denominaciones cristianas que existen. Muchas de esas denominaciones, no sólo creen tener la verdad de Dios, sino que restringen a los cristianos para que no se junten, hablen o debatan con cristianos de otras denominaciones, y si lo hacen, suele ser para poder imponer su propia postura más que para lograr un crecimiento en el entendimiento de la verdad.
Como se puede ver, Dios capacita a ciertos creyentes maduros para edificar a los demás creyentes. Las funciones dadas por Dios no son dadas para que alguno se llene de soberbia, sostenga tener toda la verdad de Dios y forme una nueva denominación que se separe del resto de los creyentes. Los dones de Dios son dados para que contribuyan a la UNIDAD DE LA FE Y DEL CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS. Esto significa que Dios jamás va a guiar a una persona a la separación del Cuerpo de Cristo, todo lo contrario, Él quiere el crecimiento en la unidad, quiere que todos los miembros estemos unidos, crezcamos juntos y nos edifiquemos mutuamente cada uno con el don o función que Dios le ha dado.
5 - Ser constructores de puentes
Es un gran paso el disponernos a no construir muros entre cristianos, pero aún mejor es poder construir puentes entre relaciones rotas, tal como lo hizo el carpintero del cuento. Esto no significa que nos metamos a la fuerza en la vida de otras personas para de algún modo obligarlas a reconciliarse, sino que vamos a tratar de hacer todo lo posible por transmitir a otras personas el amor de Dios y el deseo de Dios de una unidad en la fe y en el conocimiento.
En lugar de predicar la Palabra para ser vistos como "piadosos" delante de otras personas, lo que tenemos que hacer es centrarnos en hacer que otras personas se encuentren con Dios y con el amor de Dios y que nuestra propia obra quede en un segundo plano.
Dios dio a Pablo y sus colaboradores "el ministerio de la reconciliación" y ellos se esforzaban por reconciliar a las personas con Dios. Ellos construían "puentes" entre las personas y Dios, para reconciliar al mundo con Dios ¡eso es lo que Dios quiere que hagamos!
El primer "puente" a construir es el de una persona para con Dios, nosotros podemos predicar la Palabra ya sí poner un puente con el cual otro conozca la verdad de Dios y conozca el mensaje de salvación de Dios.
El segundo puente a colocar es el puente entre un creyente y otro creyente, es nuestro aporte para la unidad del Cuerpo de Cristo:
Quiero finalizar este artículo con un conocido poema de Will Allen Dromgoole:
Caminaba un anciano por un sendero desolado,
al caer la tarde de un día frío y nublado.
Llegó él a un barranco muy ancho y escabroso
por cuyo fondo corría un lúgubre arroyo.
Cruzó así al otro lado en la tenue luz del día,
pues aquello al anciano ningún miedo ofrecía.
Al llegar a la otra orilla construyó el hombre un puente
que hiciera más seguro atravesar la corriente.
"¡Escuche!", le dijo un viajero que pasaba por allí,
"malgasta usted su tiempo al construir un puente aquí.
Su viaje ya termina, pues ha llegado el fin del día
y ya nunca más transitará por esta vía.
Ha cruzado el barranco, dejando atrás lo más duro,
¿por qué construye un puente, estando ya tan oscuro?
El anciano constructor levantó entonces la cabeza:
"Es que por este mismo camino", respondió con firmeza,
"noté que hace algunas horas me trataba de alcanzar
un jovencito inexperto que por acá ha de cruzar.
Este profundo barranco para mí no ha sido nada,
mas para el joven que viene será una encrucijada.
En las sombras pasará cuando llegue aquí,
es por eso que para él este puente construí.
Notas finales
La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.
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