La esperanza del cristiano no es en el cielo sino en la tierra
Dios diseñó un mundo perfecto y en gran manera bueno, pero el Diablo entró a arruinar al mundo a través del pecado de Adán. Desde entonces Dios ha dado diferentes promesas sobre la futura restauración y Su reinado perpetuo en un mundo sin maldad. A lo largo de la historia fue dando diferentes promesas que dieron un "destello" de Su plan. Viendo estas promesas podemos ver lo que nos espera en el tiempo futuro.
Dios había hecho una promesa para Abraham y su descendencia, pero luego nos enteramos que esta descendencia de Abraham no era la descendencia física, sino aquellos que creen en Jesús, así como Abraham creyó y fue justificado por Dios. Los "gentiles" en este contexto son los que no son del linaje de Israel, antes de que Jesús viniera Dios trataba sólo con el pueblo de Israel, pero no había revelado con claridad que Su promesa se iba a extender a toda la humanidad y que por medio de la fe tanto los descendientes de Israel como los que no lo son iban a ser "herederos de la misma promesa". Si vamos a ser herederos de la misma promesa, entonces podemos ver qué es lo que Dios prometió a Abraham de lo cual somos también "herederos".
Varios pasajes de la Biblia nos señalan que Dios prometió a Abraham un territorio para él.
Entonces, vemos que Abraham iba a ser dueño de un gran territorio y este territorio también era para su descendencia. A su vez, vimos en Gálatas que somos espiritualmente considerados "hijos de Abraham" por medio de la fe en Jesús, así que nosotros vamos a tener parte en esa herencia, como hijos de Dios, vamos a tener un territorio donde habitar en el reino venidero.
Al contrario de lo que muchos creen, los creyentes no vamos a vivir para siempre en el cielo, sino en la tierra, y parte del regalo de salvación de Dios es el poder habitar en la Tierra venidera.
Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob y a Jacob Dios le cambió el nombre por Israel (Gn. 32:28). Israel era el pueblo elegido por Dios y a quien Él dio Sus leyes, instrucciones y promesas. Dios una y otra vez habló sobre la tierra futura y sus bendiciones bajo el reinado de Cristo:
Muchas veces la Biblia nos habla de cómo los "justos" (los creyentes) habitaremos sobre la Tierra. Dios prometió a Israel hacer cielo nuevo y tierra nueva. Isaías muchas veces nos habla de cómo será la vida en la Tierra en el reino por venir:
Estas promesas dadas al pueblo de Israel son las mismas promesas para nosotros, porque por medio de la fe en Jesús tenemos parte de las mismas promesas.
Al hacer a Jesús nuestro Señor Dios nos ha dado "espíritu de adopción", esto quiere decir que nos hizo Sus hijos. Pablo usa la palabra "adopción", porque en su tiempo, la ley romana permitía a una persona deshacerse de un hijo natural si no lo quería, pero si alguien adoptaba un hijo, se comprometía legalmente a cuidarlo de por vida. Por eso, al usar la palabra "adopción" Pablo nos hace ver el compromiso que Dios asume de tenernos como Sus hijos para siempre.
Y dice que si somos hijos somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. La palabra "heredero" puede confundir un poco, ya que, en el presente, para recibir una herencia tiene que morir el dueño de los bienes ¡pero sabemos que Dios no va a morir! La palabra griega para "herencia" es klëros, que puede traducirse como "parte asignada", siendo el "heredero" el "receptor de una parte asignada". Lo que nos quiere decir la Biblia aquí es que por creer en Jesús como Señor tenemos una parte asignada en el reino venidero, al decir que somos "coherederos" no se refiere a que recibiremos exactamente lo mismo que Jesús, sino que vamos a formar parte de los que habitan en el reino junto con Jesús.
Por así decir, Dios tiene una gran "torta" para repartir entre todos los que entremos en el reino, parte de esa torta es para Jesús, y habrá una parte para cada creyente, conforme a las obras que hayamos hecho, pero somos "coherederos" (correceptores) en el sentido de que todos recibiremos una parte de la misma "gran torta".
Pero, además de recibir parte en el reino, también vamos a recibir un cuerpo y una forma de vida similar a la que tiene Jesús ahora:
Así que, parte de nuestra "herencia" (nuestra porción asignada) es tener una forma de vida inmortal e incorruptible tal como la que tiene Jesús ahora.
Los hijos de Dios en el futuro viviremos para siempre en una tierra nueva donde habrá paz, alegría y bendición con un cuerpo inmortal, incorruptible, hecho a semejanza del que Jesús tiene ahora.
El reino milenario
Como vimos, Dios nos prometió la vida en una era futura en la que habrá justicia. Pero este futuro consta de dos partes, dos eras diferentes.
Previamente habíamos visto (cuando hablé sobre "el día del Señor") que en el futuro Dios va a derramar Su ira sobre la Tierra y va a hacer justicia sobre la maldad humana, pero que los cristianos (ya sea que aún estemos vivos o que hayamos muerto) seremos arrebatados en el cielo y transformados en inmortales previo a este tiempo de juicio y destrucción relatado en Apocalipsis (1 Tes. 4:13-18). Este arrebato no fue revelado antes de los tiempos de los apóstoles, es parte de un gran secreto guardado por Dios y revelado a los apóstoles (1 Co. 2:7; 15:51; Ef. 3:3-9). De todos modos, Dios aún dará oportunidad de arrepentirse a los que queden sobre la Tierra y algunos sobrevivirán a ese tiempo de juicio.
Los capítulos 16 al 19 de Apocalipsis nos relata la venida de Jesús a la Tierra con su ejército a conquistar la Tierra. Luego de la victoria, en el capítulo 20 leemos:
El versículo 2 nos dice que el Diablo será "atado" y encerrado en el abismo por mil años. Luego nos dice que después de esto es necesario que sea desatado por un tiempo. No se nos revela exactamente por qué es necesario hacer esto, pero evidentemente es parte del plan de Dios y Su justicia.
Aquellos que murieron durante el apocalipsis, pero llegaron a creer en Jesús y no adoraron a la "bestia" van a ser resucitados en inmortalidad y van a reinar con Cristo mil años. Para ese entonces los cristianos ya seremos inmortales también. Pero habrá gente que habrá sobrevivido al apocalipsis, esta gente será aún mortal. Así que aquí tenemos una era de 1000 años en donde Jesús reina junto con otros creyentes que recibirán también la capacidad de gobernar sobre ciertos territorios, pero donde también habrá gente mortal que vivirá en este período. Debido a que este período durará mil años, podemos llamarlo "reino milenario" o "era milenaria".
Después de esos mil años, vemos que el Diablo es soltado, logra engañar a parte de la gente y se arma una batalla final en donde todas las personas que siguieron al Diablo son eliminadas. Luego todos los muertos son resucitados (estos serían todos los incrédulos que han muerto durante toda la historia y los creyentes que hayan muerto durante el reino milenario).
Por lo que ya vimos previamente, habrá un castigo de oscuridad para los incrédulos, que no está mencionado aquí y luego serán arrojados al lago de fuego, para finalmente ser destruidos por completo. Luego de esto, Dios hace un cielo nuevo y Tierra nueva y comienza lo que podríamos llamar "la era final" o "el reino final".
Si quieren pueden leer todo el capítulo 21 y 22 de apocalipsis para tener una descripción más completa de cómo será este reino. ¡Sin dudas será maravilloso! ¡Esta es nuestra esperanza!
Diferencias entre el reino milenario y el final
Tanto el reino milenario como el reino final serán tiempos muy buenos para vivir. Cuando leemos las profecías sobre el reino en la Biblia, a veces las descripciones están mezcladas, porque Dios no reveló exactamente cuál es cual, no obstante, si prestamos atención a ciertos detalles, nos daremos cuenta que algunas profecías son con respecto al reino milenario y otras con respecto al reino final.
Por ejemplo, en Ezequiel capítulos 40 al 48 tenemos se revela cómo va a ser el templo del reino futuro, pero en Apocalipsis 21:22 Juan dice que no vio templo en la Jerusalén de su visión para el reino final. Así que, podemos darnos cuenta que Ezequiel está describiendo al reino milenario, en el cual sí habrá templo, mientras que en reino final no habrá.
Apocalipsis 21:4 nos dice que en el reino final "no habrá más muerte", pero Isaías 65:20 dice que "el que no llegue a los 100 años será considerado maldito". Ya vimos que en el reino milenario habrá humanos mortales sobrevivientes del Apocalipsis, así que habrá muerte, pero las condiciones de vida serán tal que si alguien muere antes de los 100 años puede considerarse como "maldito", como cuando alguien hoy muere a los 50 o 60 y decimos que fue "desgraciado", porque "murió joven". Por otro lado, cuando estemos en el reino final, todos serán inmortales.
Isaías 60:11 nos dice que en el reino milenario habrá "día y noche", pero en el reino final no habrá más noche, nos dice Apocalipsis 21:25.
Isaías 65:17 nos dice que en este reino milenario habrá "cielo nuevo y tierra nueva", pero también Apocalipsis 21 nos habla de un cielo nuevo y tierra nueva para el reino final. En este caso, podemos suponer que Dios tendrá que rehacer cielo y tierra dos veces. En principio, luego de los desastres relatados en Apocalipsis, seguramente la tierra quedará arruinada, así que habrá que reconstruirla para el gobierno de Cristo. Por otro lado, luego de que el Diablo sea soltado y haya una nueva guerra, es posible que otra vez la tierra sea dañada. Aún si así no fuera, evidentemente Dios hará nuevamente tierra y cielo para Su reino final.
Otra diferencia es que el reino milenario será gobernado por Jesús en la Tierra, y los creyentes inmortales serán reyes y sacerdotes. Por otro lado, en el reino final Jesús va a entregar el reino a Dios, y Dios mismo estará en la Tierra gobernando junto con Jesús, habrá un trono para Dios y Jesús, ambos gobernarán juntos.
Puesto que Jesús no va a ser destituido de su reino, sino que simplemente, va a dárselo a Dios y ambos van a compartir el reinado, las profecías nos dicen que el reino de Jesús no tendrá fin:
Notas finales
La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.
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