¡No dejes que la amargura te gane!
La amargura es ese estado de frustración y tristeza en el que a veces caemos, cuando sufrimos una desilusión, o sucede algo trágico en nuestras vidas, o cuando las cosas en nuestra vida no marchan como quisiéramos y no vemos la salida a nuestros problemas.
La amargura por sí misma no es mala si podemos manejarla apropiadamente, todos podemos caer en un estado momentáneo de amargura, pero cuando ésta toma el control de nuestra vida puede llevarnos a la ruina. El libro de hebreos nos advierte:
Cuando dejamos que la amargura eche raíces en nuestra mente y corazón, ésta comienza a crecer y no sólo nos contamina a nosotros, sino que contamina a nuestro entorno. Cuando alguien vive amargado tiende a amargar a los demás y, por esto mismo, también tiende a alejar a la gente de sí, porque a la persona alegre y bendecida no le gusta estar en compañía de un "amargado".
La amargura, por lo general, viene acompañada de otras cualidades poco deseables:
Una persona amargada en su corazón se vuelve más irritable e iracunda, le cuesta perdonar y rápidamente reacciona con violencia, ira y calumnia. Este tipo de conducta realmente desgasta a las personas, no sólo daña a la persona que está amargada, sino que daña a todos los que le rodean. No está mal enojarse en determinadas circunstancias, pero cuando hay amargura, el enojo redunda en pecado y contra esto nos advierte el apóstol Pablo unos versículos antes:
"No se ponga el sol sobre vuestro enojo" significa que el enojo no debería durar hasta el día siguiente. Es una forma metafórica de decir que no debemos guardar rencor sobre el mal que nos han hecho. Esto no quiere decir que si alguien nos hizo daño vamos a tratarlo como si no hubiera pasado nada, lo que quiere decir es que no nos debe durar el enojo y deseo de venganza, debemos poner las cosas en manos de Dios para que la amargura no comience a echar raíces en nuestro corazón y termine tomando el control de nuestras vidas. Por eso, poder comprender cuánto nos ama Dios y cuánto ha hecho por nosotros a través del sacrificio de Jesús, nos ayuda a poder perdonar y echar fuera la amargura y resentimiento.
La amargura puede atacarnos por diversos motivos, especialmente cuando nos encontramos en una situación trágica o angustiante de la cual no vemos la salida. Quiero que veamos dos ejemplos de esto en la Biblia.
La historia de Rut
La situación no podía ser peor para Noemí. En aquellos tiempos era muy difícil para una mujer sobrevivir sin el apoyo de un hombre, por eso los padres debían cuidar de sus hijas hasta que pudieran tener un marido que las protegiera, y luego serían los hijos varones quienes cuidarían de la familia. Una mujer sin esposo e hijos estaba muy desprotegida y con pocas posibilidades de trabajar y tener sustento.
Es muy común que, ante un hecho trágico, una persona culpe a Dios por la desgracia. Noemí estaba en amargura y así habló. Lo que Noemí dijo a sus nueras era razonable, pero Rut prefirió acompañar a Noemí.
¡Impresionante! Cada vez que leo estas líneas me emociono por la respuesta de Rut. "Tu Dios será mi Dios". A pesar de haber nacido y sido criada en un pueblo pagano, Rut, evidentemente, había llegado a convencerse de que el Dios de Noemí era el Dios verdadero y por su fe se mantuvo también fiel a su suegra. Pero Noemí estaba en gran amargura, al punto que decidió cambiar su propio nombre:
"Mara" significa "amarga". ¿Qué tan amargada tiene que estar una persona para querer que todos la llamen "amarga"? Imagínense tener una amiga de nombre "Noemí" y que al verla le digan: "Hola Noemí..." y ella responda "No me llames Noemí, llámame 'amarga'". Así se sentía Noemí, sentía que Dios le había amargado la vida.
El capítulo 2 del libro de Rut nos cuenta que había un pariente del marido de Noemí de buena posición que se llamaba Boaz. Rut decidió ir al territorio para recoger espigas a sus campos para ver si la contrataban para trabajar allí y sucedió que "de casualidad" el campo donde fue a recoger era de Boaz, este pariente del difunto marido de Noemí. Rut ese día trabajó incansablemente desde la mañana y causó tal impresión que Boaz le dijo que no vaya a otro campo, que se quede a trabajar ahí y mandó que se le diera agua y comida. A Boaz le contaron lo que Rut había hecho por Noemí y dijo a Rut:
Resumiendo, en los capítulos siguientes Rut sigue trabajando para Boaz y Boaz habla con sus criados para darle a Rut las mejores condiciones de trabajo y le da a Rut una paga más que generosa. Rut trabajó hasta terminar el tiempo de siega y luego, bajo el consejo de Noemí, habla con Boaz y él decide tomarla como esposa, al final esto es lo que sucedió:
¡Tremendo relato! ¡Rut fue la abuela de David! Tal fue la bendición que le trajo Rut a Noemí, que sus amigas decían que era mejor que siete hijos. Para mí también es notable el hecho de que, aunque Noemí pidió que la llamen "Mara" ("Amarga"), en todo el relato del libro de Rut el escritor la llama "Noemí", esto es porque ella estaba en amargura desde su propia óptica, pero Dios tenía un plan para ella, porque sabía que era una persona de buen corazón. Esto nos muestra que se puede salir aún de la peor amargura, y es que, aunque Noemí estaba en gran amargura, ella no perdió su integridad como persona, ella quizá no entendió por qué le sucedieron las tragedias en su vida, pero aún así se mantuvo íntegra y recibió de Dios una completa restauración.
La angustia de Job
La historia de Job es otra historia de tragedia que termina en restauración de parte de Dios. Job fue un hombre que tenía muchas riquezas y trataba de vivir una vida en integridad, no obstante, la Biblia nos cuenta que sufrió un ataque del Diablo y en poco tiempo perdió sus riquezas, sus sirvientes, fallecieron sus hijos y él enfermó gravemente. En medio de esta situación Job llegó a decir cosas como éstas:
Pueden leer el capítulo completo si quieren, verán cuán humanas son sus palabras. En momentos de gran angustia tendemos a preguntarnos "¿Por qué nací? ¿Por qué no morí antes de nacer? ¿Para qué quiero estar vivo? Esto mismo le pasaba a Job, sus días eran tormento y desesperación y deseaba no haber nacido.
No nos vamos a detener en muchos detalles del libro de Job y lo que le sucedió. A lo largo del libro de Job, tres amigos intentan ayudarlo desde su sabiduría humana, pero no lo logran, hasta que viene un cuarto amigo, más joven y más sabio, que lo conecta con Dios y luego Dios mismo le habla a Job y Job reconoce su error e ignorancia de los designios de Dios. Al final, la Biblia nos cuenta lo siguiente:
Job fue restituido por Dios y tuvo más riquezas que antes y una hermosa familia. Al final dice que murió "anciano y lleno de años". Podríamos pensar que es una redundancia, pero la frase "lleno de años" tiene el sentido de que fueron buenos años, años de bendición. No sólo tuvo muchos años, tuvo buenos años.
Como podemos ver, hay veces que, desde nuestra perspectiva humana, las situaciones parecen desesperantes, fuera de control, sin salida aparente, pero Dios nos da estos ejemplos para mostrarnos que Él está mucho más allá de nuestros problemas, que Él puede restaurar nuestras vidas de modos que ni lo imaginamos. Ni Job, ni Noemí, se imaginaron la bendición que tenían por delante, en un momento sólo vieron una situación difícil en la vida de la cual estaban "sin escapatoria" y por eso se llenaron de amargura. Pero ellos acudieron a Dios y Dios los restauró, pero si dejamos que la amargura nos gane, ésta se convierte, como vimos primero, en ira, griterío, calumnia y maldad.
Dios es especialista en restaurar vidas, pero no todo será restaurado en este tiempo. El mundo está bajo maldición y se está corrompiendo día a día, por eso Dios envió a Jesús, para que por medio de la fe en él tengamos vida perpetua en Su reino futuro en el cual ya no habrá más muerte, dolor, injusticia y aflicción.
Con estas promesas en mente ¡no dejes que la amargura te gane! ¡Confía en Dios!
Notas finales
La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.
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