El mono y el pez: reflexiones sobre la diversidad y el respeto

Una frase, erróneamente atribuida a Einstein, dice que: "todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es un estúpido". Más allá de que no fue Einstein quien la dijo, esta frase encierra una gran verdad.

Y esto me lleva a la reflexión ¿Cuántas veces intentamos ayudar a otras personas basados en lo que funciona para nosotros y, cuando esa persona no acepta o no puede seguir nuestro consejo, la juzgamos como estúpida, perezosa, incompetente o incrédula?

Supongamos que el pez está pasando hambre y necesidad y el mono le dice "no te preocupes, te dejo venir a mi árbol, te enseño cómo trepar y podrás comer todos los frutos que quieras". ¿Qué pasaría con el pez? Pronto se dará cuenta que no puede trepar como el mono, se va a sentir frustrado y, peor aún, otros monos podrían juzgar al pez y decirle que en realidad él no quiere trepar el árbol, o que no tiene suficiente "fe".

Como personas, hacemos esto todo el tiempo: evaluamos a otros en base a nuestras propias características y habilidades y, cuando queremos ayudarlas, también lo hacemos en base a lo que nos sirve a nosotros, sin pensar en cuáles son las habilidades o capacidades del otro y cómo ayudar a los demás conforme a sus propias características.

Tenemos que entender que no todos pueden ser empresarios, ni todos se sienten bien siendo empleados de tiempo completo; no todos son aptos para el trabajo físico pesado, ni todos son eficaces en trabajos que requieren el intelecto; no a todos les gusta leer mucho, no todos son hábiles para un oficio, no todos quieren tener hijos y una familia.

Algunos son hábiles con las matemáticas, otros con la historia, otros son hábiles para actividades manuales, otros son buenos con la música; a algunos les encanta hacer trabajos de fuerza, o son buenos con los deportes; algunos soportan mejor el daño físico y otros soportan más la presión mental y emocional; algunos disfrutan estar rodeados de gente, mientras que otros prefieren estar solos y rodeados de libros; algunos no pueden estar ni una hora frente a una computadora y ya se sienten inquietos, otros pueden pasarse horas estáticos, programando o diseñando. ¡Cada uno de nosotros es diferente!

En lo espiritual es lo mismo, Dios nos ha llamado para diferentes funciones, no todos son buenos para estudiar e investigar la Biblia, no todos son hábiles para enseñar, no todos son buenos para predicar y conectar con la gente emocionalmente, no todos tienen paciencia o conocimiento para ayudar a una persona que quiere salir de una adicción, no todos tienen la disposición o tiempo para hacer largas oraciones por otros hermanos, no todos tienen el deseo o necesidad de visitar y pasar tiempo con los enfermos, o con los presos.

Cada persona es única y tiene una función especial. Así que, en lugar de juzgarnos unos a otros por lo que el otro no puede hacer y yo sí, tenemos que pensar en cómo podemos complementarnos y ayudarnos, cada uno según su propia función y habilidad.

Por supuesto, todos necesitamos a Dios y al Señor Jesucristo como Salvador, pero, en la relación con Dios, la forma de vivir de cada persona puede ser muy distinta.

Así que, antes de intentar ayudar a alguien, o evaluar a una persona, piensa: ¿estoy intentando ayudar a un mono o a un pez? Una vez que entiendas cómo es esa persona, podrás saber si debes ayudarle a encontrar un bosque o un río.

Por otro lado, si sientes que no "encajas" entre determinado grupo, o que eres un "inútil" para el mundo, en lugar de sentirte mal, piensa que quizá eres un pez queriendo trepar un árbol, intenta encontrar cuál es tu llamado de parte de Dios, cuál es tu función, cuáles son tus habilidades y fortalezas personales y no dejes que otros definan lo que eres o debes ser. Pide la guía a Dios y Él te mostrará el camino a seguir.


Notas finales

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.

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