Más preciosa que el oro
En todo tiempo el ser humano ha tenido el deseo de acumular bienes materiales y el oro ha sido un representativo de riqueza. Sin embargo, las Escrituras nos muestran que hay cosas más valiosas que el oro y que son las que deberíamos procurar buscar por encima de todo otro bien.
A veces es fácil decir que ciertos valores espirituales son más valiosos que el oro o los bienes materiales, especialmente entre los que no lo tienen. Alguien que jamás tuvo riquezas quizá pueda decir que sus valores espirituales son más valiosos que el oro y así justificarse de no buscar el bienestar material. Pero aquí quien escribe es David, alguien que fue rey de Israel y estuvo lleno de riquezas. Él tuvo ambas cosas: las riquezas y el amor y respeto por Dios, él pudo disfrutar de un buen pasar económico, pero valoró más su relación con Dios que los deleites que le ofrecían sus riquezas.
David no dijo que tener oro y riquezas era malo, pero él tenía bien en claro que la ley de Dios, Su testimonio, Sus preceptos, Sus mandamientos, la relación con Él, y Sus juicios, eran más deseables que mucho oro y de la mejor calidad y que en guardarlos había gran galardón, él sabía que tendría una recompensa mucho mayor que todas las riquezas que poseía si andaba conforme a la voluntad de Dios.
David también dijo esto:
David realmente valoraba la ley de Dios y por eso pedía a Dios que le haga entender Sus mandamientos. Él no sólo quería conocer esos mandamientos, quería entenderlos, no alcanza que tengamos una Biblia en nuestra casa y la leamos de vez en cuando, necesitamos entender los mandamientos de Dios, entender Su Palabra y así desarrollar una relación con Dios.
En el libro de Proverbios leemos lo siguiente:
Aquí se nos habla del valor de la sabiduría, pero no cualquier sabiduría, sino la sabiduría que proviene de Dios y de tener un andar con Dios. Proverbios 1:7 nos dice que el principio de la sabiduría es "temor de Jehová". Así que esta sabiduría de la que habla proverbios no es sabiduría sobre algún asunto humano, sino la sabiduría sobre los asuntos de Dios, y el principio de esta sabiduría es respetar y honrar a Dios. Sin respeto por Dios no podemos siquiera acceder a la puerta de entrada de esta sabiduría.
Y lo que nos dice aquí Proverbios es que el provecho de esta sabiduría supera al provecho que pueda traer el oro y la plata o toda riqueza material. Con sabiduría de Dios obtenemos abundancia de días y también con ella podemos acceder a la riqueza y honra, si Dios así lo desea para nuestras vidas y esta sabiduría es "árbol de vida", quiere decir que nos da la capacidad de vivir con una mejor calidad de vida, con más vitalidad, además de que es la que nos da acceso a la vida perpetua en la era futura.
Muchas veces detrás de las riquezas desmedidas hay orgullo y soberbia, pero lo que Dios quiere de nosotros es que nos apartemos del mal, que no nos volvamos altivos y soberbios, ante Dios es mejor humillarnos junto con los humildes que repartir riquezas con los soberbios. Como dije antes, no es que tener riquezas esté mal, pero ésta no debe ser nuestro primer objetivo en la vida, hacer la voluntad de Dios tiene que ser nuestra prioridad, y si en el camino de hacer la voluntad de Dios obtenemos riqueza ¡bien! Pero no deberíamos jamás ir contra de la voluntad de Dios tan sólo para obtener ciertos placeres de este mundo.
Este joven vino preguntando a Jesús cómo hacer para tener vida eterna (el texto más correctamente leería "vida de la era"). Para poder tener vida en la era futura, Jesús le dijo que debía guardar los mandamientos. Esto seguramente alegró al hombre, porque esto ya lo venía haciendo desde pequeño. Sin embargo, luego Jesús le dijo que debía vender sus bienes y darlo a los pobres y seguirlo, y tendría tesoro en el cielo, pero el joven se entristeció y no estuvo dispuesto a cumplir el pedido de Jesús, porque tenía muchas posesiones. Jesús luego aprovechó para referir una metáfora exagerada señalando qué difícil es que un rico entre en el reino de Dios, usando la figura del camello en el ojo de la aguja.
Notemos que esto que dijo Jesús a este hombre no fue una instrucción general para todo el que es rico. Jesús no le anduvo diciendo a todos los ricos que vendan sus bienes, pero en este joven es evidente que sus riquezas le eran un obstáculo. Jesús puso a prueba su corazón, para saber si él amaba más a Dios o a las riquezas. Él amaba a Dios al punto de seguir los mandamientos antes mencionados por Jesús, pero el primer mandamiento, el más importante, era amar a Dios por sobre todas las cosas, y aquí este hombre demostró que él amaba a sus posesiones por encima de Dios.
Si de obras se trata, es muy difícil que un rico entre en el reino de Dios, porque difícilmente pongan a Dios por encima de sus riquezas. No obstante, Dios proveyó otro camino, ya que sabemos que luego de la resurrección de Jesús, si lo aceptamos como Señor de nuestras vidas, pasamos a tener parte en el reino venidero. De todos modos, nuestras acciones van a determinar qué recompensa tendremos en el reino futuro y hay muchos cristianos que aún prefieren hoy buscar la riqueza material por encima de la espiritual.
Pero la Biblia también nos relata el caso de alguien que sí puso a Dios por encima de sus riquezas, aún sin que Jesús se lo pidiera explícitamente:
Imaginen hoy a un hombre de la alta sociedad, subiéndose a un árbol para poder ver a un predicador en medio de la multitud. ¡Tremenda demostración de humildad! La mayoría no se ensuciaría la camisa, quizá mandaría a un asistente a pedir cita con ese predicador. Pero Zaqueo reconoció la autoridad de Jesús y el valor espiritual que él era capaz de entregar.
Zaqueo recibió el mensaje de Jesús, él realmente se arrepintió de sus pecados, si había defraudado a alguien, lo iba a devolver cuadruplicado ¡quería enmendarse! Y dio la mitad de sus bienes a los pobres. Noten que esto lo dijo Zaqueo espontáneamente, Jesús no le dijo que lo haga (o al menos no está registrado que lo hiciera).
Zaqueo es un gran ejemplo de un camello pasando por el ojo de una aguja, Jesús dijo que era difícil que un rico entre en el reino, pero no imposible. Ahora bien, el problema con las riquezas no está solamente en el que las tiene, hay gente que no tiene riquezas, pero aún así las ama o las prioriza, quiere tenerlas y por eso intenta hacer favoritismo con otros que son adinerados con el fin de obtener su favor, pero no es así como Dios quiere que nos conduzcamos.
Lo que aquí está diciendo Santiago es que no está bien hacer favoritismo y dar privilegios al rico por ser rico, menospreciando al pobre. En aquel tiempo, los principales perseguidores de la Iglesia eran gente adinerada, así que Santiago les dice cómo es que ellos podían hacer favoritismo por los ricos, si eran precisamente los ricos los que los oprimían. Por supuesto, Santiago no está diciendo que no acepten gente adinerada en la congregación, ni que todos los ricos eran opresores, sino que está exponiendo lo ilógico de la forma de actuar de esta congregación.
Lo que nos dice Santiago es que Dios no elige a la gente en base a sus riquezas materiales, sino por su riqueza en fe. Si una persona es rica en fe, sea materialmente rica o pobre, es bendecida por Dios y será parte del reino futuro de Dios. Cada persona que hace a Jesús Señor pasa a ser hija de Dios, por lo tanto, debemos tratar a cada cristiano como miembro de esta familia y no hacer distinciones según sus clases sociales.
En estos versículos, tanto Pablo como Pedro señalan a las mujeres que no se vistan con peinados ostentosos y vestidos y adornos lujosos y caros, sino que se ocupen de hacer buenas obras y se "adornen" con un buen corazón, con reverencia a Dios. Esto no quiere decir que los hombres sí puedan hacerlo, ellos señalan a las mujeres, porque por costumbre de la época, eran mayormente las mujeres las que gastaban muchísimo dinero para vestirse de modo de sobresalir del resto, que los demás vieran que eran de una clase social alta. No obstante, la instrucción podemos tomarla como algo general, tanto hombres como mujeres debemos preocuparnos mayormente de vestirnos con buenas obras y con un buen corazón, agradable para Dios.
Dios no nos está prohibiendo el querer vestirnos bien, prolijos, o usar ropa de calidad. De hecho, la túnica de Jesús fue echada a la suerte por los soldados y no la quisieron romper porque era de gran calidad. El problema no está en la marca de ropa que usemos, sino en el mensaje que estamos transmitiendo a los demás a través de nuestra vestimenta y las cosas que compramos. ¿Vestimos cierta marca porque realmente nos es más cómoda y duradera o para ostentar ante los demás? ¿Cambiamos el automóvil por uno más grande porque lo necesitamos o para dar un mensaje de estatus social a los demás? ¿Compramos un celular de alta gama porque realmente tiene funciones que nos facilitan la vida o porque queremos que otros vean que tenemos un mejor celular que ellos? Tenemos que evaluar con qué intención hacemos lo que hacemos e intentar siempre que nuestras acciones y nuestras posesiones glorifiquen a Dios. No hay nada de malo con tener riqueza, Abraham fue muy rico, David también, y muchos otros creyentes, pero la cuestión es qué hacemos con esas riquezas y dónde está nuestro corazón.
Desde el texto griego, una traducción más apropiada de la primera parte de este versículo sería "Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males..." No está diciendo que el amor al dinero sea raíz de TODOS los males (sabemos que hay muchos males que no se originan en el dinero y el mal existe antes que el dinero). Lo que está diciendo el versículo es que el amor al dinero es una raíz de toda clase de males, o sea, toda clase de males pueden surgir cuando una persona ama al dinero. No es la posesión de dinero la que da raíz a estos males, sino el AMOR al dinero. Nuestro amor debe estar puesto en Dios y luego Él nos proveerá de todo lo necesario en todas las cosas.
Para finalizar, veamos lo que dice Pedro a un grupo de cristianos que estaban siendo perseguidos a causa de su fe cristiana:
Pedro nos dice que la fe es más preciosa que el oro, que perece. La palabra "perece" se usa para señalar el hecho de que el oro se puede descomponer y destruir, puede ser muy valioso, pero puede ser destruido.
Pedro también dice que el oro es probado con fuego, ya que el oro se pone en hornos ardiendo para así purificarlo y quemar las partículas extrañas. Del mismo modo, las situaciones difíciles en la vida son un "fuego" que ponen a prueba nuestra fe y "queman" todas las impurezas de esa fe. Todo aquello que es verdadero en nuestra fe sobrevivirá a las peores circunstancias. Y cuando nuestra fe es puesta a prueba y pasamos esa prueba, Pedro dice que será hallada digna de alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo. Esto se refiere al día de nuestro encuentro con él. En ese tiempo futuro, cuando seamos transformados en inmortales y estemos en la presencia del Señor, la fe que hayamos tenido en esta era y tiempo va a ser recompensada.
Nuestro amor por el Señor es la muestra de nuestra verdadera fe. Amarlo sin haberlo visto, seguir amándolo aún cuando pasamos por situaciones adversas ¡esa es verdadera fe! Y esta fe es más preciosa que el oro.
Notas finales
La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.
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