Marta y María

Aquí vemos que estas dos hermanas habían recibido en su casa a Jesús. María se había sentado a oír a Jesús, mientras que Marta estaba preocupada por servirle. Marta interrumpe a Jesús, porque ella pensaba que María estaba haciendo mal, ¡debía servir al Señor junto con ella! Sin embargo, evidentemente Jesús había comenzado a hablar sobre el evangelio y el mensaje de Jesús la absorbió. En lugar de reprochar a María, Jesús corrigió a Marta. En ningún momento dijo que Marta tuviera mal corazón, o que hacía mal en servir, sino que su problema estaba en preocuparse por muchas cosas y no dar prioridad al mensaje que Jesús le traía.

María aquí estaba haciendo algo que en aquellos tiempos estaba prohibido para la mayoría de las mujeres: ¡estaba aprendiendo la Palabra de Dios! Muy pocas mujeres tenían acceso a una buena educación en aquellos tiempos, a la mayoría sólo se las educaba para hacer las tareas domésticas, criar a los hijos y servir a sus maridos. Marta estaba haciendo aquello para lo cual fue educada, que era servir, mientras que María se había sentado a escuchar la enseñanza de Jesús y Jesús no sólo no la reprocha por no estar sirviéndole ¡sino que corrige a Marta!

Es interesante que en el versículo 41 la palabra "afanas" es la palabra griega merimnaö, que significa "estar ansioso", es tener una ansiedad excesiva, que distrae de lo importante. Por otro lado, la palabra "preocupas" es en griego thorubazö, que se usa sólo acá en toda la Biblia, e implica un disturbio en la mente. Un derivado de esta palabra se usa para describir los disturbios generados cuando una multitud hace mucho ruido y griterío. Es como si todos los quehaceres y responsabilidades le estuvieran gritando constantemente en la cabeza a Marta, y eso no la dejaba oír lo verdaderamente importante. Quizá también la presión social y cultural estaban obstruyendo a Marta, su voz interna estaría diciéndole: "recuerda que las mujeres sólo deben servir en los quehaceres domésticos", por otro lado, María se estaba rebelando (de un modo sano) contra los estándares culturales.

Esto no significa que el servicio de Marta estuviera mal, sino que, en ese momento, había algo más importante que hacer y María había escogido esa buena parte. Sin embargo, vemos que Marta aprendió la lección:

En este caso, vemos que Marta salió a recibir al Señor, cuando él venía para visitar a Lázaro, que había muerto. No sabemos por qué María se quedó en casa, pero podemos imaginar que ella estaba muy desanimada por la muerte del hermano, Marta fue más fuerte y salió a recibir a Jesús, e incluso demostró tener fe para que su hermano resucitara.

Después de la resurrección de Lázaro leemos:

Aquí vemos nuevamente a Marta sirviendo a Jesús y María derramando perfume en sus pies. Pero en este caso, Marta no reprochó la acción de María, ni tampoco Jesús dijo que hiciera mal en servir. Cada una había asumido su rol y, evidentemente, Marta ya no tenía ese griterío en la cabeza que la distraía de poder dar y recibir igualmente del Señor.

Lo que podemos ver con esta historia es que no necesariamente está mal que una mujer se dedique a los quehaceres del hogar, ni tampoco está mal que una mujer intente educarse para servir en una congregación de cristianos. Cada persona tiene su rol, su función dentro del Cuerpo de Cristo y cada llamado de Dios es único y personal. Se puede edificar al Cuerpo enseñando las Escrituras, y se lo puede edificar sirviendo un plato de comida, se puede edificar a los hermanos con la prédica, con música, con bienes materiales, con pasar tiempo con ellos, con interesarnos y cuidar de otros, hay miles de formas diferentes de bendecir y edificar a otros cristianos y debe ser Dios quien dirija nuestros pasos hacia el servicio.

Debe quedar en claro que la Biblia nos muestra que la mujer tiene igual valor espiritual que el hombre y puede cumplir cualquier rol o función conforme Dios la envíe y capacite. En Cristo todos somos un Cuerpo y lo que debe importarnos no es el sexo, color de piel, ojos, condición social o cultural de los otros hermanos, sino que debemos intentar conectarnos en Cristo, amándonos con el amor de Dios y esforzándonos por mantener la unidad de todo el Cuerpo, cada uno dentro la función a la que Dios nos llama.

¡Eliminemos la confusión y desorden en nuestra mente! No dejemos que nuestra educación, nuestro entorno, la sociedad o la moda nos ensordezcan con sus gritos sobre qué podemos o debemos hacer y qué no. ¡Escuchemos la voz de Dios y hagamos lo que Él nos llama a hacer!


Notas finales

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.

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