Las consecuencias del andar en pecado
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En este artículo analizaremos lo que la Biblia nos enseña acerca de las consecuencias que trae el pecado y andar en pecado en el creyente.
Vida perpetua en la era venidera garantizada
Primeramente es importante siempre tener en mente que, para el que ha hecho a Jesús su Señor, ningún pecado podrá alejarlo tanto de Dios al punto de perder su salvación para el reino venidero. ¡La entrada en la vida en el reino futuro está asegurada para el creyente!
En estos versículos Pablo dice que fuimos "sellados" con el espíritu santo que había sido prometido, el "sello" simboliza algo que está garantizado, pero, por si esto no fuera suficiente, el versículo 14 nos dice que el espíritu santo es la garantía de nuestra herencia (ahí en lugar de decir "quien" debería decir "que"). La palabra "herencia" hace referencia a una porción asignada en el reino venidero. Así que, al haber creído en Jesús como Señor recibimos el "sello" del espíritu santo y tenemos la garantía de Dios de que vamos a tener una parte en el reino venidero. No obstante, como ya hemos visto, si andamos en fe y obediencia a Dios, podremos tener recompensas extra.
El castigo por los pecados
El sólo hecho de saber que tendremos vida perpetua en el reino venidero debería motivarnos a querer servir a Dios por mero agradecimiento a lo que ya hizo por nosotros, no obstante, tenemos otros motivadores para hacer Su voluntad. Podríamos decir que las recompensas en el reino venidero son un motivador positivo a querer hacer la voluntad de Dios, pero también hay un motivador negativo, que son los castigos por el pecado.
Si bien la Biblia nos muestra que por el sacrificio de Cristo las consecuencias futuras del pecado fueron anuladas para los que creemos en él como Señor, y que no hay condena de muerte final e ira de Dios para nosotros, esto no significa que nuestros pecados presentes quedarán impunes. Tal como veremos, los pecados presentes tienen consecuencias en el tiempo presente y esto es especialmente cierto para los creyentes cristianos.
En capítulos previos de Romanos Pablo habló de la gracia de Dios por medio de Cristo y de cómo recibimos la vida perpetua en la era futura por medio de la fe en él. Entonces alguien podría sugerir que, puesto que no habrá condena de muerte para los cristianos, entonces podemos vivir en pecado, ya que, de todos modos, la vida perpetua está asegurada. Y si cometemos muchos pecados, entonces, al recibir el perdón en la era venidera, podríamos decir que la gracia de Dios "abunda" en nosotros. Este es el argumento que Pablo va a refutar en este capítulo.
En principio, lo que dice Pablo aquí es que Jesús murió para el pecado una vez por todas, él nunca pecó, pero murió para pagar por nuestros pecados, murió como sustituto por nosotros. Nosotros merecemos morir y no entrar en el reino a causa de nuestros pecados, pero él con su muerte pagó por nuestros pecados, por eso, lo lógico sería que nos consideremos "muertos" al pecado y vivos para Dios. Si Dios nos ha dado vida perpetua ¿cómo no querer andar según Su voluntad?
Hemos hecho a Jesús nuestro Señor, por lo tanto, tenemos que vivir con él como nuestro rey ¿será lógico querer seguir siendo gobernados por el pecado? ¡No! Por eso Pablo nos alienta a no dejar que el pecado nos gobierne, nos guíe, con sus malos deseos, sino que nos presentemos ante Dios como vivos de entre los muertos. ¡Merecíamos morir y Dios nos dio vida! ¿Qué daría una persona para no morir y poder vivir para siempre? Pero Dios nos regaló la vida, pagando el precio con la muerte de Jesús, así que lo mínimo que podemos hacer en agradecimiento es presentar nuestras vidas como instrumentos de justicia, al servicio de Dios.
Nuevamente Pablo hace la pregunta retórica "¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?" La respuesta es "¡De ninguna manera!" Pero así es como viven muchos cristianos, aceptaron a Jesús como Señor, quizá lo recibieron de corazón y cambiaron algunas cosas de su vida al principio, pero luego continúan sus vidas como cualquier incrédulo, ocupándose de las cosas del mundo, casi sin relación con Dios y sin usar sus dones al servicio de Dios.
Pero cuando una persona le "sirve" al pecado, lo que obtiene es "muerte".
El versículo 23 ya lo hemos visto varias veces en este estudio. "La paga del pecado es muerte". Y esto tiene un doble aspecto. Por un lado, ya vimos que lo que merecemos por nuestro pecado es morir y no vivir en la era venidera. Ese precio ya fue pagado por Cristo y no tenemos que preocuparnos. Pero también existe una "paga" presente del pecado, que es "muerte" para el tiempo presente. Veremos que esta "muerte" tiene un sentido amplio, por un lado, un creyente que anda en continuo pecado puede encontrar antes de tiempo su muerte en la era presente; pero, además, el pecado nos hace "morir" en cuanto al fruto y bendiciones que Dios quiere darnos. Un árbol muerto es uno que no da frutos, y un andar de pecado es un andar que no va a producir frutos.
El fruto del Espíritu
"Andar en el Espíritu" significa andar conforme a la guía de nuestro Señor Jesucristo. Los deseos de Dios y nuestro Señor son opuestos a los de nuestra "carne". La "carne" aquí simboliza todos los malos deseos. No todos nuestros deseos son malos, pero lo cierto es que tenemos muchos impulsos internos que nos llevan a un mal camino. En los versículos 19 al 21 Pablo enumera alguna de las obras pecaminosas que suelen ser el resultado de seguir los deseos carnales. La lista no está completa, porque, obviamente, sería larguísima, pero nos da una idea de qué cosas son contrarias a la voluntad de Dios.
El versículo 21 dice que quienes hacen tales cosas no van a heredar el reino de Dios. Esto no se refiere a los cristianos, sino que los incrédulos que andan así, no van a formar parte del reino. Entonces, si a Dios, que nos dio la vida, le desagradan estas cosas ¿por qué seguir haciéndolas? ¿Acaso no queremos agradar a nuestro Padre por todo lo que hizo por nosotros?
Los versículos 22 y 23 nos dicen también que el fruto del espíritu, o sea, el resultado de tener un andar conforme a la guía del Señor, es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. Si andamos conforme a la voluntad de Dios, vamos a crecer en todas estas cosas en nuestras vidas. Pero si andamos en pecado, va a suceder todo lo contrario, vamos a tener menos amor, menos paz, vamos a estar más irritables, amargados, actuar con malicia, perder la fe y la esperanza, vamos a tener más miedo y dudas, incertidumbre e intranquilidad, etc. Esta es la "muerte" de la que hablaba antes, si el árbol está muerto, no puede producir frutos.
El andar conforme a la voluntad de Dios trae frutos espirituales, mientras que el andar en pecado trae muerte, que es la carencia de esos frutos y eventualmente, incluso la enfermedad y muerte física.
Juicio presente sobre creyentes que hacen lo malo
La Biblia nos muestra que el juicio por los pecados de los incrédulos será hecho por Dios en el futuro, de momento, Dios está siendo paciente, para darles la oportunidad de arrepentirse.
Los malvados tarde o temprano recibirán su justo castigo, algunos reciben parte de su castigo en el presente, otros parecen vivir el presente sin problemas, pero al final recibirán su castigo. No obstante, para los cristianos la realidad es otra. Nosotros hemos recibido el don de la vida perpetua, Dios no nos castigará por nuestros pecados, pero eso no significa que estamos exentos de Su juicio y de las consecuencias del pecado. Para los cristianos, el juicio por los pecados es en el tiempo presente y las consecuencias por el pecado las recibimos en el tiempo presente, muchas veces con dolores, enfermedades y la muerte.
Pedro está hablando a una comunidad de creyentes que estaba siendo perseguida por causa de su fe en el Señor. Pedro les dice que si padecían injustamente eran "bienaventurados", esto es porque, como vimos, quienes padecen por causa de la voluntad de Dios tendrán mayor recompensa. No obstante, hay quienes padecen por hacer mal las cosas, hay quienes padecen por ser homicidas, ladrones, malhechores, o por entrometerse en asuntos ajenos. Pedro menciona algunas conductas impropias que pueden traer aflicción a una persona y luego dice que "es tiempo que el juicio comience por la casa de Dios". Esto significa que el juicio de Dios comienza sobre Su "casa" (o sea, Su familia, los cristianos). Por supuesto, Dios no trae enfermedades y daño a nuestras vidas, Su juicio consiste en que no puede darnos las bendiciones y protección que Él tiene para nosotros y, de este modo, sufrimos las consecuencias de nuestras acciones.
Los cristianos estamos recibiendo el juicio de Dios en el tiempo presente. Cuando andamos en fe es justo para Dios llenarnos de bendiciones, cuidarnos, protegernos, darnos sanidad y vigor. Pero si desobedecemos, le impedimos ayudarnos del modo que Él quisiera.
Esto mismo nos señala el apóstol Pablo en su primera carta a los corintios:
¿Qué tan malas tienen que ser las reuniones para que Pablo diga aquí que se reunían para lo peor y no para lo mejor?
En primer lugar, en esta reunión en Corinto había divisiones entre los cristianos. La palabra "preciso" en el 19, es una palabra griega que según el contexto puede traducirse como "preciso, necesario", pero también como "inevitable". En este contexto Pablo está diciendo que es inevitable que haya divisiones, cuando hay gente "aprobada" delante de Dios y gente que no, esas divisiones ponen de manifiesto quienes son los que están aprobados, los que realmente están haciendo la voluntad de Dios. Luego Pablo habla de la forma en que comían "la cena del Señor".
Esta cena era un evento en el que se recordaba el sacrificio de Cristo haciendo una cena juntos. Pero lo que estos creyentes estaban haciendo es que algunos adinerados llevaban buena comida y otros sin dinero no llevaban nada y los de dinero no estaban compartiendo con los otros, cada uno comía "su propia cena", por lo que unos estaban bien llenos, incluso embriagados, y otros pasaban hambre. Esto era una actitud completamente egoísta que fallaba por completo al deseo de Dios de que haya unidad y comunión entre creyentes.
Pablo explica que Jesús en su última cena tomó el pan (UN SOLO PAN) y lo partió diciendo "esto es mi cuerpo", lo cual significa "esto representa mi cuerpo". Jesús estaba mostrando la realidad que vendría de que todos los creyentes formaríamos un Cuerpo en Cristo (Ro. 12:4-5; 1 Co. 12:12-31) y que, a través de su sangre derramada, íbamos a comenzar a formar parte del nuevo pacto prometido (Hebreos 9:15; 12:24). Es así que la idea de juntarse a celebrar la "cena del Señor", no era para cada uno comer por su lado, mientras veían pasar hambre al que no tenía nada, la idea era entender que todos formamos un Cuerpo en Cristo y que tenemos que estar unidos y preocuparnos unos por otros como hermanos en Cristo.
Al juntarse de este modo y actuar egoístamente, ellos estaban "comiendo juicio para sí mismos".
La palabra "duermen" en el versículo 30 es un eufemismo para decir que han muerto. Pablo dice que, al actuar erróneamente en esta cena del Señor, sin discernir el cuerpo, estaban comiendo juicio para sí mismos y por eso había entre ellos muchos enfermos, debilitados y muertos, gente que moría antes del tiempo normal de vida.
"Sin discernir el cuerpo" se refiere a no entender que somos un Cuerpo en Cristo y que Dios nos quiere unidos, que a Dios no le gusta el egoísmo, que Dios quiere que nos ayudemos y edifiquemos mutuamente. Por otro lado, Pablo dice que estaban "comiendo juicio para sí mismos", porque ellos estaban juntándose para recordar los logros de Cristo y estaban actuando de modo contrario a lo que debían. No es que no tuvieran la doctrina correcta, la tenían, pero no la estaban aplicando. Por ejemplo, si yo enseño que robar está mal y luego salgo a robar, con mis palabras me estoy condenando a mí mismo, luego no puedo decir que yo no sabía que robar es algo malo.
Por actuar egoístamente y hacer aquello que sabían que estaba mal, no poniéndose al servicio de otros hermanos, ni teniendo compasión por ellos, se estaban acarreando juicio sobre sí mismos y a causa de esto tenían enfermedades, debilidad y muerte que podría haberse evitado.
Pablo aquí dice que, al ser juzgados, o sea, al recibir las consecuencias de los malos actos, los cristianos somos disciplinados. En otras palabras, el hecho de que haya cristianos enfermos, debilitados, o muriendo antes de tiempo nos tiene que dar a la reflexión sobre qué cosas estamos haciendo mal y así cambiar. Nosotros no vamos a ser condenados con el resto del mundo (los incrédulos), pero la realidad es que podemos sufrir las consecuencias de nuestras malas decisiones.
Los cristianos deberíamos ser ejemplo para el mundo. Si hacemos la voluntad de Dios vamos a tener plena salud, Dios nos va a cuidar y vamos a estar llenos de fruto espiritual, además, vamos a formar una comunidad llena de mutuo amor, bendición y poder, esto es lo que el mundo tiene que ver y así desear acercarse a Dios a causa de nuestro testimonio.
Nada malo procede de Dios
Santiago nos dice que no es Dios quien tienta hacia el pecado, de Él sólo puede salir "toda buena dádiva y todo don perfecto", de Él sólo puede salir luz y no oscuridad. Nosotros somos seducidos por nuestras propias pasiones, nuestros deseos desmedidos. Todo comienza por un deseo y ese deseo se convierte en pecado y ese pecado engendra muerte. No es malo desear cosas, pero si esas cosas son contrarias a la voluntad de Dios, debemos reprimir esos deseos. También puede pasar que deseemos cosas buenas, pero que nuestro deseo sea tan intenso que terminemos por tomar un camino de pecado para alcanzar lo que deseamos.
De una forma u otra, el pecado se gesta siempre en nuestro interior y luego se convierte en acción, así que, si logramos controlar nuestros deseos, podremos evitar muchos pecados y de este modo evitaremos también la "muerte" que viene con estos pecados.
En capítulos anteriores vimos que cuando Dios haga juicio sobre los malvados, derramará Su ira y los destruirá. Pero con los creyentes es diferente, Dios no envía mal a los creyentes, sin embargo, si actuamos contra Su voluntad, Él no puede darnos todo lo necesario en todas las cosas, porque no sería justo.
Pensemos en una empresa en donde el jefe hace un contrato de trabajo con cada empleado. Si el empleado cumple con su horario y hace bien su trabajo tendrá el sueldo estipulado, es "justo" que reciba ese salario. Pero si el empleado no se presenta al trabajo, o se la pasa holgazaneando, ya no sería justo que reciba el sueldo acordado. El jefe podría tener misericordia y darle algo de dinero para que no muera de hambre, pero no estaría en la obligación de darle su sueldo, e incluso no sería justo para con los otros trabajadores que sí hicieron su parte. Si el empleado no trabaja, su jefe tiene que "juzgar" su situación y no darle su salario completo. Del mismo modo, si nosotros no hacemos la voluntad de Dios, Él juzga la situación y no podrá darnos todos los recursos espirituales que necesitamos, Él tiene que ser Justo. Así como el empleado no va a poder cubrir hacer frente a las necesidades de la vida sin su sueldo, nosotros no podemos hacer frente a nuestras necesidades espirituales sin el suministro de Dios, y el Adversario aprovecha que estamos debilitados y vulnerables para atacarnos con escasez, enfermedad, dolor, e incluso muerte.
Cabe aclarar que con esto no estoy diciendo que toda enfermedad o todo problema en la vida viene por hacer las cosas mal o tomar malas decisiones. Estamos en un mundo corrompido y muchas veces las personas sufren aún sin haber hecho nada malo. Pero cuando sufrimos haciendo el bien, Dios lo ve y nos recompensará por eso. Si sufrimos haciendo el mal, sólo tenemos las consecuencias de nuestros actos y no habrá un premio por esos sufrimientos.
Juan nos dice que no amemos "al mundo", o sea a las cosas que nos ofrecen las personas del mundo que no creen y aman a Dios. Lo que el "mundo" nos va a ofrecer puede satisfacer los deseos de nuestra carne, puede satisfacer los deseos de nuestros ojos, puede llevarnos a ganar fama, honra, prestigio, a darnos motivos para ser soberbios y hacernos ver como que somos mejores que las demás personas, pero no pueden satisfacer nuestras necesidades espirituales y no pueden darnos vida perpetua y recompensa en la era venidera. El mundo y sus deseos "pasan", se terminan, pero Dios permanece para siempre y Sus recompensas son para esta era y la venidera.
Las consecuencias del pecado
Muchos textos en la Biblia nos hablan de las diferentes consecuencias que trae el andar de pecado y de cómo Dios nos alienta al arrepentimiento y el cambio. Veamos algunos de esos versículos:
El pecado no sólo afecta a una persona, a veces también a una nación entera:
El pueblo de Israel sufrió serias consecuencias cuando las personas se apartaron de Dios.
En todos estos versículos podemos ver que los pecados traen consecuencias en lo individual, pero también en lo grupal, una nación cuyos habitantes andan mayormente en pecado y maldad y que permiten la injusticia, va a sufrir las consecuencias de ese mal.
Todo pecado tiene sus consecuencias. Para los incrédulos, la consecuencia final será la destrucción en el Gehena, para los creyentes, las consecuencias se viven en el tiempo presente.
Pero siempre hay esperanza, porque tanto para los individuos, como para las naciones, existe la posibilidad de arrepentirse y cambiar la conducta. Dios está siempre con los brazos abiertos esperando el cambio.
El perdón de pecados
Jesús se refirió al perdón de Dios en esta parábola:
Esta parábola nos muestra el deseo de Dios de que la gente se acerque a Él. Dios no está buscando a quien peca para castigarlo, todo lo contrario, Él está esperando que la gente se acerque a Él para perdonarlos, limpiarlos de su pecado y restaurar sus vidas. Dios no quiere darnos vidas mediocres, sino que quiere que disfrutemos de un "banquete" a Su lado, quiere bendecirnos y llenarnos de alegría.
Dios no se complace en el pecado, no obstante, Él sabe que somos humanos, somos débiles y vamos a seguir pecando. Andar en la luz no significa jamás pecar, sino que significa que procuramos andar sin pecado, no obstante, vamos a caer y Dios dice que si confesamos nuestro pecado (a Dios) Él es fiel y justo para perdonarnos. Quien dice que no tiene pecado, está mintiendo, nadie puede decir que tiene un andar perfecto, lo dice aquí Juan. Pero una cosa es un creyente que hace la voluntad de Dios y comete pecados y otra cosa distinta es una persona que decide andar en pecado, alejándose de Dios.
Quien se aleja de Dios puede perder sus recompensas, tal como lo vimos antes, y también puede sufrir serias consecuencias en el presente a causa de sus pecados. Si andamos en comunión con Dios, al pecar, si bien vamos a recibir consecuencias, muchas veces al pedir perdón a Dios, Dios extiende Su misericordia y nos protege para que no recibamos todas las consecuencias de ese pecado.
En Salmos leemos:
Cuando amamos y respetamos a Dios, recibimos de Su misericordia, por eso, si bien cada pecado tiene sus consecuencias, Dios está siempre obrando sobre Sus hijos para que no recibamos todas esas consecuencias de esos pecados.
Si Dios dejara que recibamos todas las consecuencias de nuestros pecados nadie podría mantenerse en pie. ¡Este es el gran amor de Dios! No obstante, como hemos visto, Su gracia y misericordia no debe ser excusa para andar en pecado. La Biblia nos habla una y otra vez de como el pecado arruina la vida de las personas.
ANDAR EN AMOR
Cuando una persona se acerca a Cristo, comienza un cambio en su conducta, pero aquellos que lo conocieron antes del cambio, les cuesta entender ese cambio, les parece extraño, no entienden cómo es que una persona ya no se deleite en los placeres del pecado que antes compartían y por eso suelen criticar a esa persona, la presionan y buscan desprestigiarla, ellos quieren seguir con sus vidas de pecado y autodestrucción.
Pedro nos dice que seamos "prudentes y sobrios en la oración". La palabra "prudentes" en griego es sophroneö, que significa "tener una mente sana, una forma de pensar equilibrada". La palabra "sobrios" es en griego nephö, que significa "sobrio, auto controlado", es lo contrario a estar ebrio.
Ser prudentes y sobrios significa que tenemos que adquirir una forma equilibrada de pensar y vivir conforme a nuestra realidad presente y no "escaparnos" de esta realidad como hacen los que se embriagan. Beber alcohol en exceso es una forma de escaparse de la realidad, pero no es la única, las drogas son otra forma, el pasarse muchas horas del día jugando juegos, o viendo televisión, o videos, o pasando horas en las redes sociales, o mirando pornografía, esto por sólo mencionar algunas cosas, hay muchas formas de escaparse de la realidad, pero Dios no quiere que nos escapemos, sino que vivamos nuestra vida de manera sobria y prudente, con equilibrio en lo que hacemos y pensamos y esto se logra con constante oración. Si hay problemas en nuestra vida, en lugar de escaparnos de éstos, tenemos que enfrentarlos, y la mejor forma de comenzar es orando a Dios por Su guía, ayuda y sabiduría.
Luego Pedro dice que tengamos "ferviente amor". Dios quiere que desarrollemos un amor ferviente, intenso hacia nuestros hermanos en Cristo, que nos dediquemos a ayudarnos y edificarnos mutuamente, y cuando hacemos esto, este amor "cubre una multitud de pecados".
Muchas de las consecuencias de nuestros pecados se ven frenadas cuando estamos andando en amor.
Y si queremos andar en amor, primero tenemos que entender qué es el amor:
Nuestra capacidad de amar como Dios quiere que amemos viene de Dios mismo. En la medida que vamos comprendiendo cuánto nos ama Dios, nuestra capacidad de amar a los demás se va incrementando. En la medida que vamos entendiendo cómo actúa Dios en nuestras vidas, vamos aprendiendo a tratar a otros tal como Dios nos trata a nosotros.
Mientras más amamos, más misericordia de Dios recibimos y en una comunidad de cristianos que andan en amor, la gracia y misericordia de Dios van en constante aumento y Su poder se hace manifiesto continuamente. Por esta causa el Diablo está interesado principalmente en evitar que los cristianos entendamos el amor de Dios y lo apliquemos en nuestras vidas. Al Diablo le interesa distraernos en suplir nuestros deseos carnales, quiere que seamos egoístas, que busquemos nuestro propio bien todo el tiempo y así nos separemos unos de otros, porque sabe que Dios nos quiere unidos, que nos diseñó para ser un Cuerpo en Cristo.
Así que:
Si queremos agradar por completo a nuestro Padre celestial y estar llenos de Su gracia, misericordia, sabiduría y poder, nuestro principal objetivo tiene que ser conocer Su amor en nosotros y aprender a amar a los demás como Él nos ama.
Notas finales
La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.
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