"Si me amas no intentes cambiarme"

¿Han oído alguna vez esta frase o algo similar? Esta es otra de tantas frases de la "sabiduría popular". Una frase muy repetida, pero ¿realmente debería ser así? ¿Debemos dejar que nuestros seres queridos sean lo que son aun cuando están en error? ¿O debemos señalar ese error e intentar hacerles ver la necesidad de un cambio? Si alguien intenta cambiarme, ¿es porque no me ama? ¿Está en contra nuestra todo aquel que intenta cambiarnos?

En lo personal, esta frase me parece de lo más absurda, ¿cómo no voy a tratar de corregir el error de aquel o aquella a quien quiero? Los que son padres o madres van a entender esto perfectamente, ¿querrían que sus hijos continúen continuamente en un error o intentarán hacer todo lo posible para que sean mejores personas? Si yo veo que mi hijo tiene una mala conducta o mal hábito, ¡por supuesto que intentaré hacer que cambie! Y precisamente, como lo quiero, más voy a preocuparme por hacerlo cambiar. A mí no me interesa producir el cambio en gente que no estimo, pero a los que amo quiero verlos cada vez mejor, desarrollando todo su potencial, con vidas bendecidas y con mucho fruto espiritual. Por supuesto que ninguno de nosotros es perfecto, pero una persona con una mente sana debería siempre procurar mejorar continuamente su vida y no quedarse estancada en conductas inadecuadas.

La frase "si me amas, no intentes cambiarme" parece ser más bien una excusa de aquellos que no tienen el valor o voluntad de hacer el cambio en aquellas cosas que saben que están haciendo mal. Parte de la soberbia, el egoísmo, la comodidad o el temor. Entonces, cuando alguien les señala el error, en lugar de reconocer ese error e intentar cambiar y mejorar, lo que hacen es escudarse en la sabiduría humana, la filosofía del ego, la pereza y la cobardía.

Piensen en Dios, ¿quién ama más que Él? ¡Por supuesto que nadie! ¿Nos quiere Dios tal como somos? ¡Seguro! Pero, ¿quiere Dios que sigamos siendo como somos o pretende hacernos cambiar?

Dios nos ama, nos ama más que nadie en toda la creación, nos ama tanto que dio a Su hijo por nosotros (Jn. 3:16), y porque nos ama, intenta disciplinarnos. ¡Él va a intentar cambiarnos! Él quiere que enderecemos lo torcido, que caminemos en una senda recta, que nos dejemos de excusas y pongamos voluntad para andar en Sus caminos.

Como podemos ver, lo que Dios requiere de nosotros es la santidad. Él quiere que cambiemos y esto es porque Él nos ama. El verdadero amor siempre va a buscar el cambio del ser amado (obviamente me refiero al cambio para bien).

Juan va un paso más allá y nos dice incluso que el amor a Dios y hacia otros hijos de Dios consiste en guardar Sus mandamientos, y además nos dice que Sus mandamientos no son gravosos y que en este andar de amor y de fe está la victoria que ha vencido al mundo.

Es así que vemos que el verdadero amor busca el cambio. Quien ama a Dios va a buscar la santidad y quien ama a otra persona, va a querer que esa otra persona también siga en camino del crecimiento espiritual, de la búsqueda de la santidad en Dios. Y en ese crecimiento habrá victoria.

En definitiva, si alguien te quiere de verdad, te hará cambiar, no hacia sus propios intereses, sino para gloria de Dios, y si alguien no se mete en tus asuntos y en tu vida, si ve tus errores y no te los señala, aunque parezca que te respeta, en realidad no te quiere lo suficiente.

Con esto tampoco quiero dar a entender que hay que ir por todos lados señalando los errores de todo el mundo, cada cosa tiene su momento, su lugar y su forma adecuada. Hay veces que decimos la verdad, pero de un modo incorrecto, o en un tiempo inapropiado y en esto hay que ser prudentes, para no herir o alejar de nosotros a aquel o aquella a quien queremos ayudar. Pero sí es bueno orar a Dios y sabia y prudentemente tratar de ayudar a otros a un cambio para bien en la medida que sea posible, a la vez que también revisamos nuestra propia conducta, no vaya a ser que estemos queriendo sacar la paja en el ojo ajeno y tengamos una viga en el propio.

¿Queremos la victoria que vence al mundo en nuestras vidas? ¡Busquemos el cambio! ¡Busquemos el constante crecimiento en la fe y obediencia a Dios y al Señor Jesucristo! Como humanos, no llegaremos a la perfección en esta era, pero, aun así, debemos buscarla cada día de nuestras vidas. En tanto que no seamos perfectos, siempre habrá algo que cambiar, algo que mejorar. No usemos la filosofía urbana y humana para alimentar nuestra pereza y cobardía. ¡La victoria está detrás de la disciplina del Señor!


Notas finales

La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede verla en la siguiente página: Referencias de versiones de la Biblia.

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